La gestación es un proceso de mortuoria. Algo muere para dar lugar a una nueva vida.
Muchos no comprendemos que estos cambios inevitables no son necesariamente negativos. Se pueden vivir desde la negatividad si uno se resiste a ellos o pretende permanecer con las mismas rutinas y ritmos de antes.
Ya al concebir se inicia el gran cambio, ya que el cuerpo de la mujer atraviesa una reorganización estructural muy sigificativa. No solo el cuerpo atravieza estos cambios estructurales. Las estructuras de pensamiento también se modifican y en este rubro, la pareja/padre también participa de los cambios.
Al no conectar con estas transformaciones que tanto mujer como hombre atraviesan en la gestación, suelen surgir conflictos de entendimiento o de valoraciones que lleva al choque entre quienes hasta hace un tiempo parecían amarse.
Y luego del nacimiento estos cambios se hacen más pesados, ya que se materializan en forma de los cuidados y necesidades del bebé y la madre.
El bebé atraviesa cambios de adaptación al nuevo ambiente en el que habita, pasa de un medio acuático a uno aéreo. Y por el lado materno, la mujer inicia un nuevo proceso de reorganización estructural físico, mental y emocional.
Es importante para el devenir en armonía de éste tránsito, que tanto mujer como hombre se acerquen a dialogar, a re-encontrarse, a re-conocerse. Y qué mejor manera de entender la parte oscura, las sombras que rondan el convertirse en madre y padre que conociendo sus mecanismos.
Este acompañamiento es para las parejas comprometidas en prepararse para superar los desafíos que la gestación y crianza traen a la nueva cotidianeidad con éxito.